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Con mucho gusto daremos a conocer tu obra y te enviaremos un e-mail cuando sea publicada.
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Dibujos “Dark” de Lady Dark desde Panamá 

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Eso es todo por ahora, pronto subimos mas del arte de Lady Dark

 

 

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Conflictos al desnudo.

Sobre las fotografías de Spencer Tunick

 

Por: Jorge Abraham Sánchez

A Carla.

“Quien diga que no había pudor ni prejuicios miente: las manos se ubicaron en las partes estratégicas. Senos, penes, pubis pudorosamente cubiertos, pero después, el ambiente de camaradería fue ganando terreno y las manos abandonaron aquello que cubrían.”[1] En efecto, las fotografías de desnudos masivos de Spencer Tunick generan, al menos en mucha gente, una sensación satisfactoria que continúa a la de morbo o incomodidad. Cuando el ser humano —lleno de prejuicios— descubre que estar desnudo no significa necesariamente estar vulnerable ni ser “sucio”, desde luego que experimenta desahogo, ya sea experimentador o espectador, pues, finalmente, el cuerpo que vemos es semejante al que tenemos.

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El acto se convierte en una especie de retorno al Edén. En la mitología judeocristiana, que es la que subyace en nuestra civilización hasta nuestros días, Adán y Eva desobedecen a Dios, por lo que pierden el estado de gracia y de inocencia, y se avergüenzan de su desnudez. A partir de entonces la desnudez es considerada un pecado. Cuando el ser humano, solo o acompañado de otro que lo respeta, está desnudo, vuelve al estado de gracia porque no se siente vulnerable. De hecho, se siente menos vulnerable que cuando está vestido y tiene que guardar las formas que la sociedad constantemente exige. Por otro lado, la piel descansa de la ropa y respira a través de los poros.

El desnudo colectivo es algo extraño en nuestra sociedad. Lo apreciamos sólo en los grupos de animales, generalmente mamíferos, como el humano, pero que están en cautiverio y que utilizamos para alimentarnos, como es el caso de los cerdos o las vacas. En humanos lo llegamos a ver en imágenes de campos de concentración, en la nota roja o en hospitales para los considerados enfermos mentales. Es decir, en casos donde la dignidad está siendo pisoteada. Así pues, los desnudos colectivos o de gente normal —que no sean modelos— resultan poco gratos por lo general. Esto se debe a que nuestra civilización tiene oprimido y censurado —sí, en pleno siglo XXI— al ser humano, tanto en su cuerpo como en todo lo demás.

La desnudez, un pecado, es también un delito cuando se realiza en público. El hecho de que por unas horas sea permitida es motivo para que miles la busquen, pues es como transgredir la ley sin recibir castigo. Algo que a mucha gente le emociona no tan sólo con respecto a la desnudez, sino con todo lo prohibido, como por ejemplo el robo, el adulterio, la mentira, etcétera. Los segundos en los que se pueden realizar estas actividades teniendo la certeza de que no se será castigado valen oro para muchas personas que, como era de esperarse, viven la represión todos los días. Por eso no tiene nada de raro que México, país católico donde la Iglesia interfiere constantemente en la vida civil, suceda esto con tanto éxito. Por eso también la gente que se desnudó no tiene necesariamente una ideología de izquierda y este “acto único” no cambia necesariamente su forma de pensar.

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La instalación del lunes 7 de mayo de 2007 en la ciudad de México fue escenario también de otros mensajes que a la derecha le incomodan, como el reclamo “¡Voto por voto, casilla por casilla!”[2], refiriéndose al fraude electoral que casi un año después aún no se olvida. Muchas de las mujeres gritaron también “¡A-bor-to sí! ¡A-bor-to sí! ¡A-bor-to sí!”[3] frente a la catedral. Incluso exigieron la liberación de los presos políticos de Atenco.[4] Así pues, la desnudez sumada a la colectividad, son también factores favorables para la expresión de los derechos de los ciudadanos o de la vitalidad de la resistencia.

Pero minutos después de dar muestra de ser una manifestación de libertad y de mentalidad abierta, dio muestras de todo lo contrario. Tunick les dijo cuál sería su sorpresa. Se trataba de una foto donde sólo aparecerían las mujeres desnudas: “los hombres se vistieron al parecer a mil por hora y comenzaron a rodear la plaza, se acercaron demasiado, sacaron los celulares y las cámaras para tomar fotografías.”[5] Las mujeres se sintieron acosadas por una multitud de hombres vestidos que las miraban ahora de manera distinta. “Fue hasta ese momento que se sintió la desnudez. Había temor”[6], dice una de las participantes. Se acabó una vez más el estado de gracia e inocencia en cuanto regresó la ropa a uno de lo sexos, casualmente al masculino. No todos los hombres reaccionaron así, pero de cualquier modo eso fue un ataque a la desnudez, un ataque a la libertad, realizado por quienes hacía unos cuantos segundos formaban parte de esa desnudez y de esa “libertad”. Habría que preguntarse también por qué a Tunick se le ocurrió esa sorpresa y no, en todo caso, fotografiar aisladamente sólo a los hombres, o tanto a hombres como a mujeres. Él, el artista “innovador y trasgresor”, propició la vulnerabilidad de las mujeres.

Y es que, visto así, las fotografías de Tunick no son más que una máscara esnob de libertad. Semejante a la democracia, los países que lo viven pueden jactarse de ser “sensibles” y “civilizados”, cuando, en realidad, siguen siendo igual de censurados y machistas.

Al día siguiente, el privilegiado fotógrafo neoyorquino que jamás se ha desnudado en público retrató a cien mujeres disfrazadas de la pintora Frida Kahlo. Claro, eso vende.

Publicado: 22-06-07


[1] Periódico La Jornada, 7 de mayo de 2007, p. 3a.

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] p. 5a.

[5] p. 3a.

[6] Idem.

 

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Aquí les dejamos con algunos diseños de “Remin” de Guatemala
Blue
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Legacy (El Salvador) ¡Gracias!
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Not a prisoner I’m a free man

No soy un prisionero Soy un hombre libre (IRON MAIDEN)

 

Por: Jorge Abraham Sánchez Guevara

Normalmente, la chica o el chico “metalero”* pasa primero por una etapa de franco rechazo por parte de amigos, familiares y hasta vecinos. Su atuendo y música resultan extravagantes y caóticos, por no decir diabólicos. Después de que los opositores a su estilo de vida se han convencido de la inutilidad de sus críticas, peticiones y castigos, viene una etapa de relativa tolerancia, y el metalero pasa a formar parte de la cotidiana galería de personajes exóticos y poco aceptados de la comunidad. Desde luego, la repulsión que probablemente sentía el individuo cuando se volvió “metalero” se acrecienta después de estas fases

Iron Maiden cd
De ahí que estos personajes se conviertan en enemigos del sistema dominante, o por lo menos en chivos expiatorios. Las personas “decentes” y los medios de comunicación —no todos, desde luego— los ven como delincuentes y lacras sociales. Son sospechosos. Son, junto con muchos grupos juveniles, junto con las “minorías” raciales o los que practican otra religión y otra sexualidad, los pobres o los llamados “indígenas”, las brujas del siglo XXI. Presencias incómodas que la gente conservadora desearía borrar de la faz de la tierra.

No obstante, no todo es trasgresión. Lógicamente, el metal no convierte por arte de magia a todo el que lo escucha en crítico agudo.

De hecho, tampoco es raro encontrar metal “de derecha”: que reivindique el american way of life, racista o incluso cristiano.

Por todo esto, es recomendable que el metalescucha tenga un pensamiento crítico. Y es que, si bien es importante, por ejemplo, la crítica al cristianismo, ésta no nos exime de ser muñecos del capitalismo. En esta lógica, importa vender y comprar. Lo demás pasa a segundo grado o incluso deja de existir. No es difícil caer en el fanatismo de comprar discos, playeras, etcétera, compulsivamente —lo digo yo, que mientras escribo estoy rodeado de discos y uso una playera de Dimmu Borgir. Para conocer y disfrutar del metal no necesitas estar siempre ataviado con el uniforme negro que anuncia una banda ni tener cientos de discos. Esto es una lógica capitalista frívola. Vestirse diferente está bien como libertad de expresión y como rebeldía a los cánones, pero cuando eso se convierte en un canon, en una especie de obligación para obtener aceptación o glamour, entonces nos encontramos en la misma mecánica y el metal se banaliza.

Lo mismo sucede con los músicos que aspiran a ser virtuosos o superestrellas del metal. Cumplen la función de ídolos que marcan los parámetros de cómo deben vivir sus fans.

No digo que seamos radicales y quememos en santa hoguera nuestras pertenencias. Simplemente no hay que dejar que nos utilicen de esa manera.

Pile Of Cds

Seamos lo que realmente queremos ser. Seamos, de este modo, el azote del sistema, que sólo nos propone tonterías. Veamos que no todo es echar la hueva, embriagarse, oír metal y claro, trabajar o estudiar, sino que también están pasando cosas en nuestro mundo que nos afectan, como las reformas que impulsan los gobiernos neoliberales.

abril 2007


** Nota sobre el ser y la identidad del metalero: Esta palabra es una etiqueta con la que muchos podemos vernos identificados, sobre todo en un aspecto social. No obstante, no tiene por qué ser una limitante ontológica.

Por todo esto, es recomendable que el metalescucha tenga un pensamiento crítico. Y es que, si bien es importante, por ejemplo, la crítica al cristianismo, ésta no nos exime de ser muñecos del capitalismo. En esta lógica, importa vender y comprar. Lo demás pasa a segundo grado o incluso deja de existir. No es difícil caer en el fanatismo de comprar discos, playeras, etcétera, compulsivamente —lo digo yo, que mientras escribo estoy rodeado de discos y uso una playera de Dimmu Borgir. Para conocer y disfrutar del metal no necesitas estar siempre ataviado con el uniforme negro que anuncia una banda ni tener cientos de discos. Esto es una lógica capitalista frívola. Vestirse diferente está bien como libertad de expresión y como rebeldía a los cánones, pero cuando eso se convierte en un canon, en una especie de obligación para obtener aceptación o glamour, entonces nos encontramos en la misma mecánica y el metal se banaliza.

Lo mismo sucede con los músicos que aspiran a ser virtuosos o superestrellas del metal. Cumplen la función de ídolos que marcan los parámetros de cómo deben vivir sus fans.

No digo que seamos radicales y quememos en santa hoguera nuestras pertenencias. Simplemente no hay que dejar que nos utilicen de esa manera.

Seamos lo que realmente queremos ser. Seamos, de este modo, el azote del sistema, que sólo nos propone tonterías. Veamos que no todo es echar la hueva, embriagarse, oír metal y claro, trabajar o estudiar, sino que también están pasando cosas en nuestro mundo que nos afectan, como las reformas que impulsan los gobiernos neoliberales.

abril 2007

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